La depresión se considera una psicopatología caracterizada por un trastorno del estado de ánimo. La mayoría de las personas con depresión presentan algún tipo de queja relacionada al sueño.

Generalmente éstas implican dormir menos de lo usual en alguna de las siguientes formas:

  1. Dificultad para quedarse dormido –frecuentemente incluye quedarse en la cama con muchos pensamientos dando vueltas en la cabeza.
  2. Despertares frecuentes durante la noche.
  3. Despertar muy temprano en la mañana y no poder volver a dormirse.
  4. Despertar sintiéndose muy cansado o “golpeado”, y continuar con sueño durante el día (incluso aunque haya logrado dormir un número apropiado de horas).
  5. En ocasiones, algunas personas con depresión duermen demasiado, les cuesta salir de la cama, y aunque se queden allí gran parte del día, esto no los hace sentir más descansados.

 Adicionalmente, la depresión se caracteriza por los siguientes síntomas:

  • Sentimientos de tristeza, inutilidad y desesperanza.
  • Pérdida del interés en cosas que antes le gustaban.
  • Pérdida de la energía.
  • Problemas para concentrarse.
  • Olvidos frecuentes.
  • Pensamientos de muerte o suicidio.
  • Pérdida de la líbido o deseo sexual.
  • Aumento o disminución del apetito o el peso.

¿El huevo o la gallina?

La relación entre la depresión y el sueño es compleja. La depresión por un lado puede causar trastornos del sueño y, estos a su vez, pueden causar o contribuir a los síntomas depresivos. Las personas que padecen de insomnio tienen un riesgo diez veces más alto de desarrollar depresión que aquellos que duermen bien. Así mismo, los problemas del dormir y la depresión también comparten factores de riesgo y características biológicas.

Al estar tan relacionados, puede presentarse uno como síntoma del otro y viceversa, y de no ser abordados de forma apropiada, se puede pasar por alto el diagnóstico de alguno de los dos.

De la misma manera, es de esperar que la mejoría de un episodio depresivo se acompañe de la mejoría de los trastornos de sueño asociados. A su vez, el control del insomnio se convierte en una piedra angular en el tratamiento de un episodio depresivo.

¿Qué hago?

¿Tiene problemas para dormir? Vaya a su médico. ¿Cree que puede estar teniendo un episodio depresivo? ¡Vaya a su médico! ¿Respondió de forma positiva ambas preguntas? ¡Vaya a su médico ya!

Años atrás, síntomas como estos eran considerados tabú, vergonzosos o incluso como una manipulación; pero los tiempos han cambiado y ahora se sabe que se trata de enfermedades frecuentes, y tan importantes como la hipertensión o la diabetes.

Muchas personas temen que el médico los llenará de pastillas si acuden, o que crearán adicción a los tratamientos para dormir. La realidad es que los medicamentos no son la única forma de tratamiento. Dependiendo de cada caso, existen protocolos de psicoterapia y medidas de higiene del sueño que podrían ser suficientes en algunos casos. Si el caso ameritara fármacos, hoy en día se dispone de una gran variedad de medicamentos modernos que no producen dependencia, y son retirados tan pronto dejan de ser necesarios.

Otras medidas adicionales incluyen:

Cuéntale a alguien cómo te estás sintiendo. Nadie debe atravesar un episodio depresivo solo. Piensa en cuánto le gustaría ayudar si a algún ser querido le ocurriese algo similar.

Es recomendable hacer ejercicio físico: 35 minutos 3 veces por semana (no tiene que correr un maratón, con caminar en zapatos y ropa cómoda es suficiente)

NO SE AUTOMEDIQUE. Esto sólo lo hará perder tiempo y ciertamente lo pone en riesgo de desarrollar una adicción. El tratamiento de un episodio depresivo será más fácil cuánto más pronto sea evaluado y se instale el tratamiento apropiado.

Dra. Aura Carolina Macías Arismendi

Médico Psiquiatra

macias.arismendi@gmail.com