En 1963 Randy Gardner era un estudiante de instituto de 17 años con una idea ambiciosa para un proyecto en la Science Fair de San Diego. El 28 de diciembre se despertó a las 6:00 a.m. para empezarlo. Cuando terminó 11 días (264h) después, había superado el record del mundo de vigilia continuada, bajo la vigilancia continua de dos amigos y, durante los últimos 5 días, de unos fascinados investigadores del sueño. No había utilizado sustancia alguna, ni siquiera cafeína.

La experiencia no fue placentera. Después de 2 días sin dormir, Randy estaba irritable, con nauseas, tenía dificultades de memoria y no podía ni siquiera ver la televisión. En el cuarto día tenía algunas alucinaciones y una inmensa fatiga, y en el séptimo día tenía temblores, no pronunciaba bien las palabras y su Electroencefalograma no mostraba ya ritmos alfa (ritmo cerebral normal del adulto conciente). Afortunadamente no se puso psicótico como habían predicho algunos “expertos”. Por el contrario, en su última noche despierto superó a uno de sus observadores en una máquina de un juego de baloncesto y dio una conferencia de prensa a nivel nacional totalmente coherente.

Cuando por fin se acostó, durmió durante casi 15 horas seguidas, estuvo después 23 horas despierto hasta la noche y durmió 10,5 horas más. Después del primer periodo de sueño, sus síntomas habían desaparecido casi completamente, y en una semana pudo dormir y comportarse con normalidad.

Uno de los aspectos más interesantes de la experiencia de Randy es que no hubo efectos deletéreos duraderos. No les ocurre lo mismo a los animales privados de sueño. Si se mantiene ratas despiertas durante periodos de tiempo prolongados, pierden peso de forma progresiva a pesar que consumen mucho más alimento, se debilitan, presentan úlceras de estómago y hemorragias internas, y llegan incluso a morir. Parecen tener dificultades para regular la temperatura corporal y las necesidades metabólicas. Ni siquiera es necesaria una privación de sueño total. Un déficit prolongado de sueño REM (el sueño de ensoñación) ya es perjudicial por si solo. Estos resultados parecen indicar que el sueño aporta algo esencial para el normal funcionamiento de los organismos.

Tomado de: Bear M, Connors B, Paradiso M. Neurociencia. La exploración del Cerebro. Wolters Kluwer. Lippincott Williams & Wilkins. 3º Edición. España.