Los seres humanos, aunque a veces se nos olvide, también somos mamíferos; y como tales, interactuamos con el planeta y todo lo que en él habita. De igual forma, nuestro cuerpo busca adaptarse al medio ambiente y a todos los eventos que en el ocurren, luz, oscuridad, humedad, calor, frío, etc. Tenemos un sistema que llamamos “vegetativo” o “autónomo” que se encarga de hacer todas esas modificaciones sin que nos demos cuenta. A medida que las civilizaciones prosperan, y buscan que el medio ambiente se adapte a ellas, usan las creaciones humanas y la tecnología para modificar esas características ambientales.

La energía eléctrica ha permitido que el ser humano funcione durante el día sin necesidad de luz natural solar, y podamos trabajar y entretenernos de noche, cuando normalmente está oscuro, con la luz artificial, y aunque consideremos que eso es algo normal actualmente, nuestro sistemas de regulación internos, siguen siendo los básicos de cualquier mamífero, entre ellos, el reloj biológico.

El reloj biológico existe, queda ubicado en una estructura del sistema nervioso central denominado Hipotálamo (por debajo del tálamo), específicamente en un área conocida como el nucleo supraquiasmático. Las funciones de este reloj se ejecutan en el cuerpo a través de la liberación de varias sustancias, entre ellas, la melatonina, la cual es secretada por la Glándula Pineal o Epífisis. Según la hora del reloj biológico, este libera o deja de liberar melatonina a la sangre dependiendo si es hora de dormir (noche) o de estar despierto (día) respectivamente.

El reloj biologico tiene un tiempo autónomoEl reloj biológico humano tiene un ciclo interno, completamente autónomo, el cual dura una aproximado de 25 horas. Este reloj corre y libera sustancias y hormonas independientemente de lo que pase en el exterior, pero tiene un sistema de sincronización que le permite adaptarse al medio ambiente. Está sincronización se logra a traves de muchas señales que entran a nuestro cuerpo, pero en esta oportunidad nos ocuparemos de las mas importantes: luz y oscuridad.

¿Como ocurre esto? 

Cuando nos encontramos en un área iluminada, la luz interactua con nuestro cuerpo. En la retina de los ojos (y también aparentemente en la piel) existen unos receptores que son estimulados al entrar en contacto con la luz, particularmente con el espectro de onda azul de la misma, llevando así la información al núcleo supraquiasmático del hipotálamo diciéndole “hay abundante luz, es de día” o bien “hay poca luz, está amaneciendo” o “esta anocheciendo”, haciendo que el reloj interno, se ajuste al ciclo natural ambiental de luz-oscuridad. Esto permite que en las horas del día, en el que debemos estar despiertos y activos, nuestro cerebro también lo este, y ocurre lo contrario en la noche, facilitando que nos de sueño para dormir.

Ahora, los receptores de la retina son estimulados al interactuar con la luz, no importando el origen de la misma. Es decir, nuestra retina y nuestro hipotálamo no saben que la luz que entra sea solar o artificial, solo censa luz. Entonces, ¿que crees que pueda pasar si una persona recibe constantemente durante el día y la noche luz artificial? Nuestro sistema nervioso no está al tanto si la luz que recibe es del sol, de un bombillo, de una pantalla de computadora o de TV, de un teléfono o de cualquier otro dispositivo.

Como funciona el reloj biológicoEl exceso de luz, no importando su fuente puede desajustar nuestro reloj biológico, y puede hacer que en el día tengamos sueño, y en la noche estemos completamente activos. Este es el origen de los Trastornos del Ritmo Circadiano, uno de los trastornos del sueño más frecuente, entre los que podemos encontrar el Trastorno del trabajador nocturno y el Jet-Lag.

En una próxima entrega seguiremos con este interesante tópico, y veremos como nuestro reloj biológico puede ser modificado por nuestro estilo de vida

Dr. Claudio César Cárdenas

ccardenas@durmiendomejor.com

Fuente: Circadian Rhythm Sleep Disorders: Part I, Principles, Shift Work and Jet Lag Disorders. An American Academy of Sleep Medicine Review. Sleep, Vol, 30, No.11, 2007